Diagnóstico


A veces resulta muy fácil diagnosticar el reflujo gastroesofágico. Si un lactante regurgita constantemente una buena parte de los alimentos que ingiere y tiene dificultad para aumentar de peso, es casi seguro que tiene reflujo. La única duda que queda en este caso es si otro trastorno de salud, como una hernia hiatal, es la causante del reflujo.

Lamentablemente, el reflujo suele ser mucho más difícil de diagnosticar y monitorear, en especial en niños más grandes. La lista de cosas que pueden causar vómitos o un trastorno estomacal es amplia, desde el envenenamiento por alimentos, infecciones de la vejiga hasta el estrés causado por un examen de matemáticas. Las claves para diagnosticar la enfermedad suelen ser la frecuencia y la gravedad del reflujo y la imposibilidad de encontrar otra causa que explique los síntomas.

No hay criterios establecidos para el diagnóstico del reflujo. Con frecuencia el reflujo gastroesófagico sólo se diagnóstica cuando el número de incidentes de reflujo es excesivo y expone al niño a complicaciones de salud graves. En general un diagnóstico de enfermedad de reflujo gastroesofágico se hace cuando el reflujo ya ha causado un daño físico que puede medirse. Vea el artículo Información Básica que da una descripción más completa del reflujo fisiológico y patológico y de la enfermedad de reflujo gastroesofágico (ERGE).

Como podrá ver a partir de estas diferencias, no es muy fácil llegar a un acuerdo acerca de un diagnóstico de reflujo. ¿Cuándo se considera que el reflujo ocurre con demasiada frecuencia? Cada médico establece el límite en un punto diferente y también puede variar de un paciente a otro. Cada profesional puede tener una opinión algo diferente del daño que debe existir antes de sugerir un diagnóstico de enfermedad de reflujo gastroesofágico. Se usa el término “Diagnóstico dudoso” para indicar la falta de un criterio bien definido.

Para complicar más las cosas, es posible que los episodios de reflujo de un niño sean sólo ocasionales, pero aun así estos pueden causar daños. Por ejemplo, un niño tal vez tenga un dolor insoportable e incapacitante debido a un sólo episodio de reflujo de los alimentos hacia el esófago. Puede ocurrir que un niño que sólo padece de reflujo una vez al mes tenga un ataque de asma o una sinusitis cada mes. Para un niño con tales características cualquier episodio de reflujo es inaceptable. Algunos niños con reflujo nocturno duermen tan profundamente que no se tragan el ácido y éste permanece en la boca o el esófago. Basta con unos pocos episodios de esta exposición prolongada al ácido para causar daños a la mucosa del esófago y los dientes. A la inversa, algunos niños tienen reflujo constantemente y no sufren de ningún efecto perjudicial.

Las pruebas para determinar el reflujo pueden ser difíciles de hacer y algunas son traumáticas para los niños. En la práctica esto significa que algunos médicos se muestran reacios a hacer exámenes, a menos que éstos sean la única forma de obtener cierta información o sirvan para ayudarlos a aclarar un caso confuso de posible reflujo.
Por todas las razones anteriores, el diagnóstico del reflujo es muy subjetivo. Puede estar basado en la información suministrada por los padres, en un ensayo exitoso con un nuevo medicamento o en los resultados de una prueba que descarte otras enfermedades o compruebe la existencia del reflujo. A menudo, el diagnóstico se basa en una combinación de estos métodos.


Diagnóstico basado en unos antecedentes claros

Como ya se ha dicho, es posible dar un diagnóstico de reflujo con bastante certeza si desde su nacimiento un bebé ha tenido buches o ha vomitado con mucha frecuencia y esto empieza a causar problemas. No puede diagnosticarse con un sólo episodio o una sóla semana en la que hubo muchos buches o regurgitaciones, pero cabe suponer que se trata de reflujo si el patrón se mantiene por varias semanas. Algunas veces es posible hacer un diagnóstico poco tiempo después del nacimiento, si el niño tiene un hermano mayor con reflujo. A esto se le llama diagnóstico presunto y es perfectamente aceptable. Es posible que algunos médicos con mucha experiencia en el tratamiento de niños con reflujo hagan un diagnóstico presunto después de hablar con los padres y cuando no existe ninguna otra razón para sospechar que algo más grave está causando los síntomas. Sin embargo, lo más probable es que el médico quiera examinar al niño para verificar otros síntomas que los padres no hayan notado.

Es posible diagnosticar el reflujo en un niño un poco mayor sobre la base de antecedentes médicos dudosos y la información suministrada por los padres sobre síntomas no muy claros. Por ejemplo, aunque un niño haya tenido infecciones del oído, sólo se empieza a sospechar que hay reflujo después de que las infecciones hayan persistido por muchos meses. Sólo en ese momento, los médicos generalmente empiezan a hacer preguntas sobre el mal aliento, quieren saber si el niño se despierta por la noche y si tiene malos hábitos de alimentación, síntomas que están relacionados con el reflujo. Sin embargo, las cosas han mejorado respecto a años pasados cuando la tendencia era esperar a que se presentara una situación grave tal como una pulmonía repetitiva para sospechar un diagnóstico de reflujo – o sea, cuando ya había un nivel de reflujo peligroso.

Lo que digan los padres puede ser muy importante para identificar los posibles desencadenantes del reflujo. Por ejemplo, si la frecuencia o la gravedad de los episodios de reflujo tienden a variar mucho de un día a otro o de una semana a otra, los padres y los médicos pueden sospechar que hay un factor desencadenante, o sea algo que provoca o agrava el reflujo.

Los padres y los médicos pueden considerar de utilidad anotar todo lo que el niño come, así como la frecuencia y gravedad de los síntomas del reflujo, las actividades del niño (deportes, por ejemplo) y patrones de evacuación. A veces se puede llegar a la conclusión de que algunos alimentos están asociados con la intensificación de los síntomas y el estreñimiento, el cual puede agravar el reflujo.

Llevar registros precisos permite descubrir las causas del reflujo, pero son pocos los padres que logran encontrar una causa bien definida. Evitar los desencadenantes puede mejorar los síntomas aunque no los hace desaparecer. Lamentablemente, a menudo hay múltiples factores agravantes y puede ser difícil o imposible aislar cada uno de ellos. En el caso de los bebés con reflujo es probable que no se identifiquen los factores desencadenantes hasta que el reflujo prácticamente desaparece.


Diagnóstico por ensayo con un tratamiento

En algunos casos, cuando el niño tiene síntomas definidos de reflujo que no son muy evidentes, es posible que el médico no quiera dar un diagnóstico de reflujo hasta que no se le haga un tratamiento corto. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento empírico. Si el niño responde al tratamiento es razonable dar un diagnóstico de reflujo gastroesofágico. Si el niño no reacciona bien al tratamiento, es posible probar con un tratamiento más fuerte o el médico quizás decida que se hagan varias pruebas. En el artículo Resúmen sobre tratamientos para el reflujo encontrará más información sobre los distintos tratamientos.


Pruebas para el reflujo y trastornos afines

Las pruebas que pueden utilizarse para evaluar a su hijo no se usan sólo para diagnosticar el reflujo. Puede tratarse de pruebas para descartar otros trastornos parecidos al reflujo o enfermedades en las que el reflujo aparece como un síntoma.

¿Qué hacer antes de programar cualquier prueba? No haga ninguna prueba que sólo le dirá lo que ya sabe. Si un niño se levanta con mal aliento, dolor de garganta y jadeo después de acostarse con el estómago lleno de salsa de espagueti, no es necesario un equipo de alta tecnología para saber cuál es el problema. Las pruebas son costosas y siempre representan un pequeño riesgo. Ningún niño debe ser sometido a ellas si no hay seguridad de que la prueba agregará información valiosa o si esa información tal vez modifique el tratamiento previsto.

Si usted y su médico deciden que una prueba en particular puede aclarar una situación confusa, antes de programar la prueba tómese el tiempo para investigar sobre el tema. Le recomendamos que consiga instrucciones muy detalladas del establecimiento que hará la prueba. Averigüe exactamente lo que deberá hacer antes y durante la prueba, tanto usted como su hijo. Si no está permitido que su niño coma antes de la prueba, entonces debería programarse la prueba para las primeras horas del día. Si su hijo va a estar mejor si duerme durante la prueba, quizás la hora de la siesta sea la mejor. A través de nuestro foro de debates comuníquese con otros padres que han pasado por la misma prueba y, de preferencia, en el mismo establecimiento. Mientras más preparado esté, menos probabilidades habrá de que se lleve una sorpresa desagradable.

Confirme que los técnicos que hacen la prueba tienen experiencia con niños y trabajan bien con ellos. Las personas que trabajan bien con los niños pueden representar la diferencia entre un niño traumatizado y otro que piensa que la prueba fue desagradable pero tolerable y es capaz de olvidarla muy rápido.

Si su hijo tiene edad suficiente para entender lo que sucede, puede utilizar un muñeco anatómico para explicarle cualquier prueba o procedimiento. Su especialista en niños debe poseer un modelo del cuerpo y debería poder explicarle todo a su hijo. Los hospitales amigos de los niños lo dejarán entrar antes de la hora del examen para darle un vistazo a la sala y a los aparatos.


Los bebés y los preescolares son particularmente vulnerables a quedar muy traumatizados con las pruebas y, además, son muy pequeños para entender las pruebas o creer que el beneficio obtenido será mayor que el trauma ocasionado por la misma. Si piensa que su hijo va a tener una mala experiencia quizá sea conveniente conversar con un especialista en niños que esté entrenado para comprender el punto de vista de los niños y conozca muchos trucos para ayudar a los niños a hacer frente a situaciones médicas.

Haga todos los trámites, los exámenes de sangre, las mediciones, etc. con anticipación. De esta forma, podrá dedicarse completamente a distraer y reconfortar a su hijo. No se deje absorber por las conversaciones con los técnicos y los médicos.

Los especialistas en el dolor infantil han desarrollado formas de ayudar a los niños para que soporten los procedimientos traumáticos o dolorosos. Los técnicos y los médicos a veces olvidan que aunque una prueba no sea dolorosa puede ser muy traumática.

El documento Pruebas para diagnosticar el reflujo ofrece detalles sobre las diferentes pruebas. También puede hablar sobre las pruebas con un voluntario de PAGER.
Verifíquelo primero con su médico!